Cada año, al llegar finales de octubre, pasa lo mismo. Aparecen las calabazas en el supermercado, los disfraces de bruja en los escaparates y alguien que dice, convencido, que Halloween «es cosa de Estados Unidos».
Y entonces llega un gallego y responde lo de siempre: hombre, aquí ya teníamos muertos, niebla y una procesión de ánimas mucho antes de que nadie importase una calabaza.
Hay en esto algo de verdad y algo de orgullo local. Pero la noche del Samaín merece que la miremos de cerca, porque es, con diferencia, la fiesta más gallega del otoño. Y la que mejor combina con nuestro clima.
Qué es el Samaín, exactamente
El Samaín es la fiesta que marca el final de la cosecha y el comienzo de la mitad oscura del año. Se celebra entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, pegada a Todos los Santos y al Día de los Difuntos, y la tradición dice que esas noches la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se vuelve más fina.
Halloween tiene raíces en el Samhain celta, y el Samaín gallego pertenece a la misma familia. Cuánto heredamos exactamente del mundo celta y cuánto hemos recuperado después con buena voluntad es un debate que dejamos para los historiadores y para la segunda ronda de vino.
Lo importante es que la noche existe, que las ánimas andan sueltas y que, en Galicia, nadie necesita que se lo expliquen dos veces.
Los calacús: calabazas con mal genio
Antes del plástico y de las telarañas de bazar, había calabazas. Huecas, talladas y con una vela dentro, para alumbrar el camino de las ánimas y espantar lo que hubiera que espantar. Aquí les llaman calacús, o calabazas a secas, que tampoco hay que complicarlo.
Lo bueno del calacú es que no necesita disfraz ni conocimientos técnicos. Una calabaza, un cuchillo, algo de paciencia y un vecino que pregunta si aquello es arte o un accidente. Es Galicia en su expresión más práctica: poco aparato y mucho efecto.
La Santa Compaña: el transporte nocturno que no quieres coger
Ninguna leyenda gallega tiene tanta fama. La Santa Compaña es una procesión de ánimas que recorre caminos y corredoiras de noche, encabezada por un vivo que lleva una cruz y que no lo hace por gusto. No es el plan más apetecible de la noche.
La tradición dice que, si te cruzas con ella, lo mejor es dibujar un círculo en el suelo y quedarte dentro, quieto como un palo, hasta que pase. Los más modernos dirán que también vale cambiar de acera y hacer como que miras el móvil.
Siempre hay un primo, un vecino o un conocido del que nadie recuerda el nombre que la vio con sus propios ojos. Nunca es quien lo cuenta. Es un recurso narrativo magnífico.
Las meigas y el famoso «haberlas, haylas»
Yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas. Pocas frases resumen mejor el carácter gallego: una cosa es lo que se dice en público y otra lo que se hace cuando cae la noche. Nadie cree, pero nadie se arriesga.
Y de ahí a la queimada hay un paso. Aguardiente, azúcar, cáscara de limón, una cazuela de barro y un conjuro leído con más seriedad de la que merece. No hay Samaín que se precie sin alguien que dirija la ceremonia. Nadie lo ha nombrado, y nadie se lo discute.

Si hay queimada, hay cuadrilla. Y si hay cuadrilla, la Amijhos es la sudadera que no pasa frío ni vergüenza.
Para la cuadrilla que no falla ni la noche de Samaín.
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Castañas, ofrendas y el recuerdo de los que ya no están
El Samaín no es solo miedo y calabazas. También es el momento de recordar a quien ya no está. Todavía hoy, muchas familias gallegas visitan el cementerio estos días, llevan flores y arreglan el panteón antes de que llegue el frío de verdad.
Y hay castañas. Muchas castañas. El magosto merece post propio y lo tendrá, que da para mucho. Por ahora, basta con saber que una castaña caliente y un vino nuevo van bien con cualquier noche de ánimas.
Samaín contra Halloween: el resumen para impacientes
- Disfraz de Halloween: vampiro de poliéster. Disfraz de Samaín: el abrigo del abuelo y cara de haber visto algo.
- Ambiente de Halloween: música de terror. Ambiente de Samaín: orballo, silencio y un perro a lo lejos.
- Merienda de Halloween: caramelos. Merienda de Samaín: castañas y, con suerte, queimada.
- Susto de Halloween: el que salta del armario. Susto de Samaín: el que no llega a saltar, pero está.
Cómo vestirse para una noche de Samaín en Galicia
Aquí no hay debate. La noche de Samaín gallega es fría, húmeda y con un orballo que se mete hasta donde no debería. No es noche para disfraces de manga corta. Disfrázate de lo que quieras, pero con abrigo debajo.

La Choiva Galega es el disfraz definitivo: nadie sabe de qué vas, pero todos saben que no tienes frío.
¿Meigas fuera? Haberlas, haylas. Feliz Samaín.
Si quieres seguir conociendo lo que nos define, lee sobre la retranca gallega o sobre la morriña.
